 |
28.11.2005
David Rubín
Contagiado por el virus |

David
Rubín (Ourense, 1977) es todo un animal vital
y creativo. Ha estado varios años alternando
la realización de historietas para las más
diversas publicaciones gallegas –Golfiño,
BDbanda, Barsowia, Huevo...– y peninsulares –Dos
veces breve, TOS, Fanzine enfermo– con una labor
profesional en los estudios de animación Limaía
y Dygra, amén de una extensa producción
de ilustraciones e incursiones en el mundo del cortometraje.
Este amante del licor café de verbo y trazo apasionados
se destapa ahora con El circo del desaliento, su primer
álbum largo en formato de novela gráfica,
que estará presentando en el Salón de
Cómic de Getxo (Bizkaia) entre los días
1 a 4 de diciembre. ENTREVISTA:
JAVIER ZALBIDEGOITIA
Una febril
capacidad para el trabajo, textos de arrebatada poesía,
notable dominio del tempo narrativo y dibujos agradecidos
por una natural soltura con los lápices son aspectos
que le han llevado tanto a tener una importante legión
de admiradores como a ganar, sin solución de
continuidad, un generoso abanico de concursos que han
culminado con la consecución del I Premio Castelao
de cómic entregado en agosto por la Diputación
de A Coruña en el transcurso de Viñetas
desde O Atlántico.
El circo del desaliento recoge "Donde nadie
puede llegar", una intensa historia de 54 páginas
ganadora del premio Castelao de cómic, así
como una serie de relatos cortos inéditos y otros
ya prepublicados. Sin embargo, ¿has pensado este
álbum como un todo unitario, intentando ir más
allá que una mera sucesión de historias?
Cada una de las historias fueron creadas de
un modo individual, fue a la hora de decidir su inclusión
como parte de este libro cuando se me ocurrió
darle una especie de nexo de unión a todas ellas,
no quería que el tebeo tuviera aspecto de "popurrí
de historietas" o algo así, de ahí
vino la idea de crear dos historietas a mayores, que
sirven de prólogo y epílogo, y el título
del libro, El circo del desaliento, para intentar dar
ese aspecto de que cada una de las historias que lo
conforman son como los diferentes números que
invaden la pista de un circo terrible y desolador. De
todos modos esto es más un formalismo que otra
cosa, a la hora de zambullirte en las páginas
lo importante es cada una de las historias, no cómo
estén empanadas; pero si además puedes
darle una sensación de unidad a todo, pues mejor.
El circo... se abre y se cierra con sendos textos
cortesía de creadores de calidad contrastada:
Miguelanxo Prado y Carlos Portela. No está pero
que nada mal como tarjeta de presentación, ¿no?
La verdad es que es una suerte y una ilusión
inmensa que dos monstruos de los tebeos a los que llevo
leyendo desde que era chavalín y a los que admiro
quisieran participar en mi tebeo. Sus textos han sido
de los mejores regalos que se le puede hacer a alguien
que da sus primeros pasos solo ante el peligro fuera
de lo que es el cobijo de publicar acompañado
en revistas o fanzines. Una suerte y un lujo.
Se intuye que los lectores que se acerquen a
esta novela gráfica van a ver no pocas de tus
preocupaciones e intereses. En todo caso, se percibe
cierto gusto por el personaje superheroico como excusa
para contar aspectos de lo más personales. ¿Es
un desnudarse producto de una necesidad vital o se trata
de un destape más bien ficticio, un recurso al
servicio de la narración?
Mis historias no son autobiográficas, en el sentido
estricto de la palabra. Prefiero utilizar la metáfora
para expresarme, dibujarme en la piel de otros personajes
y no por eso dejar de ser yo. Quizá sea por no
aburrirme, por salirme del rollo "tengo veintiocho
años y tengo que hacer las historias de lo que
le ocurre a un chico de veintiocho años".
No
me interesa hacer slice of life, pero eso no quita que
vierta sobre mis personajes y las situaciones que los
rodean cientos de sentimientos, de situaciones que yo
he vivido.
Me parece más interesante, a mi modo de ver,
coger a un personaje totalmente rocambolesco y fuera
de lo cotidiano como puede ser un superhéroe
y hacerle sentir cosas que a mí me han pasado,
o decir cosas que yo mismo digo. Además, tanto
a nivel narrativo como poético, la imagen de
un superhéroe –o cualquier otro personaje
extremo– pasándolas putas porque está
enamorado de nosequién, como le puede pasar a
cualquier hijo de vecino, me parece mucho más
impactante que la de un veinteañero pasándolas
putas por culpa de un mal amor.
¿Hasta qué punto te ha podido
influir la animación a la hora de enfrentarte
al papel en blanco y crear historias en viñetas?
A nivel formal; sobre todo a la hora de adquirir soltura
tanto a la hora de dibujar como de planificar la narrativa.
He trabajado como animador 2D durante casi tres años,
y eso te otorga mucha rapidez a la hora de dibujar,
y también he dibujado cientos y cientos de páginas
de story board para largometrajes, con lo cual aprendes
a ser muy rápido y decisivo a la hora de narrar
una secuencia o de planificar un encuadre. Utilizo muchas
de las cosas aprendidas en animación cuando me
enfrento a la lámina en blanco para realizar
un tebeo, y a la inversa, infinidad de trucos aprendidos
gracias a hacer tebeos los vuelco a diario en mi trabajo
en el cine de animación.
De todos modos, en lo que más influye la animación
sobre mi trabajo como autor de tebeos es en el hecho
de que me roba tanto tiempo que me obliga a ser muy
rápido y a estar siempre con el chip puesto a
la hora de crear historietas, pues no puedo desperdiciar
apenas tiempo, con lo cual estoy siempre dándole
vueltas a historias al mínimo hueco que tengo.
De ahí que acostumbre a dibujar en bares, para
poder unificar mínimamente mi vida social y mi
pasión. Para no convertirme en un ermitaño.
¿Tienes algún tótem de
entre los creadores del tebeo que han sido y son?
Muchos, de siempre; Frank Miller o el tándem
Muñoz y Sampayo, de por estos lares; autores
como Javier Olivares, Santiago Sequeiros o Miguel Anxo
Robledo, y de unos años para aquí me gusta
mucho el trabajo de gente como Blutch, Christophe Blain,
Teddy Kristiansen, Joann Sfar, Paul Pope, David B, Peteers...
y cien mil más, aunque mis influencias no solo
provienen, por suerte, del medio del tebeo.
¿Y cuáles serían esas referencias
principales ajenas al cómic?
El cine, sobre todo. Directores como Jarmusch,
Kurosawa, Wong Kar-wai, Kim Ki-duk y el Cronenberg de
Spider, Crash o Una historia de violencia. O películas
como Old boy... ¡buff!... ¡Son tantos! Pienso
que la narrativa y el tempo en mis tebeos son más
cinematográficos que tebeísticos, no sé...
También disfruto descubriendo continuamente nuevos
ilustradores que puedan aportarme diferentes puntos
de vista estéticos, para no encasillarme. Buscar
nuevas referencias siempre ayuda. Incluso a veces te
sorprendes a ti mismo descubriendo que te ha influido
la narrativa de John Romita (padre). Aunque en tus páginas
parezca no apreciarse, está ahí.
Otros medios que siempre serán referencias para
mi son la literatura, en especial el relato y la poesía,
y la música, sobre todo cuando, a parte de melodías
atmosféricas y sugerentes, te encuentras con
letras fabulosas como las de Nacho Vegas o Fernando
Alfaro... El trabajo de grupos como Chucho, Lali Puna,
Tortoise, Radiohead; gente como Vincent Gallo o Serge
Gainsbourg... el tango, yo que sé... cuando trabajo
suelo escuchar música acorde con la atmósfera
de la historieta que esté dibujando o escribiendo.
Eso, claro, las pocas veces que trabajo en casa.
"David Rubín es un dibujante con
carácter. De raza. (...) Un dibujante lleno de
energía...", dice Portela. "David Rubín
continuará dándonos buenas historietas,
porque creo que es autor 'de raza' que (...) nunca podrá
limpiar su sangre del veneno de la viñeta...",
apunta Prado... Va a ser que imaginar y desarrollar
guiones, dibujarlos... es para ti una vitamina fundamental
para enfrentarte al día a día. ¿Es
así?
Sin lugar a dudas, para mí hacer tebeos no es
un pasatiempo, para pasar el rato prefiero tomarme un
café con alguien, o ir al cine, o salir por ahí
a cerrar bares o echar un polvo.
Para mí hacer tebeos es una necesidad, es el
medio que he elegido desde crío para expresarme,
a otra gente le da por escribir relatos o novelas o
poemas, pintar cuadros, sacar fotografías o montarse
un blog, yo he decidido usar el medio del tebeo para
hablar de las cosas que me inquietan o me interesan,
de lo que me cabrea o de lo que me hace feliz. Y si
no tuviera posibilidad de publicar mis historietas seguiría
haciéndolas, como hasta hace unos años
me ocurría, porque es una necesidad, porque necesito
contar cosas, y si a alguien le interesan, pues mejor
que mejor, y si no, pues al menos me he dado el gusto
y me he quitado una espinita de encima perpetrando tal
o cual historieta.
Parece que por la creciente edición de
autores, proyección en el exterior, implicación
de las instituciones y, sobre todo, profusión
de profesionales en activo de distintas generaciones
el mundo de la banda deseñada sonríe al
fin. ¿Cómo lo ves?
Cierto es que actualmente está viviendo su mejor
momento, con proyectos que ya son realidades consolidadas
como BDBanda o Polaqia, con gente como Kiko Dasilva,
Victor Rivas, Guitián, Santy... trabajando para
Mister K, y con autores como Alberto Vázquez,
Emma Ríos, Jano, Manel Cráneo... y un
largo etcétera en el que me incluyo. Incluso
ahora las instituciones y los medios de comunicación
comienzan a fijarse en que aquí están
pasando cosas y empiezan a apoyarnos, o propuestas como
la que nos brindó el Especial Galicia de la revista
Dos veces breve –que según su editor fue
el número más vendido– o aquel reportaje
que en su momento sacó TRAMA sobre la nueva hornada
de autores gallegos, la cosa está mejor que bien.
Pero, como siempre, aún se puede ir a más,
y en eso estamos, en seguir trabajando para que la cosa
avance, en cotagiarle este virus fabuloso a los autores
que estén por llegar y en no rendirnos nunca.
Ni pasión, ni talento, ni gente falta, con lo
cual solo queda seguir escupiendo historias, y que ustedes
las lean.
|