15.11.2005
Javier de Isusi
El viaje de un álbum

foto: Archivo Astiberri

Acudimos en Bilbao a una doble presentación de Astiberri, la de Cruz del sur de Raquel Alzate y Luis Durán y la historia que hoy nos ocupa, la primera de una saga en la que Vasco parte en busca de su amigo Juan, desaparecido en el corazón del zapatismo. ENTREVISTA: IÑAKI GUTIÉRREZ

El Boulevard, señero café del casco viejo bilbaino, es el lugar de la presentación. En un salón me recibe un troquelado a tamaño natural de Vasco, invitándome a entrar. Dos largas colas me permiten intuir dónde están los protagonistas, Raquel y Javier, dedicando tebeos. El locutor y periodista Félix Linares, anfitrión del acto, elogia sin reservas los tebeos, dedicando al de Javier el calificativo de “heredero de Corto Maltés y Dieter Lumpen”. Buen pedigrí. Fernando, editor de los tebeos, rebosa una alegría frenética y contagiosa. Borja Crespo, responsable del salón del Cómic de Getxo, también ha acudido, entre otros habituales de las viñetas bilbainas. Entre firma de ejemplar y apretón de manos aprovechamos para charlar con Javier.

¿Qué tal la presentación? Gente, amigos, nervios...
La verdad es que han venido muchos amigos, mucha familia y muchas personas que no conocía de nada… un poco como una boda; Raquel parecía la novia, yo el novio y Félix el cura. Por cierto, me ha parecido gracioso que dijera que en mi tebeo se notaba la influencia de Dieter Lumpen, cuando nunca he leído nada de él… lo único que sé es que tiene un nombre buenísimo.

Centrándonos en el tebeo, lo primero que me llamó la atención fue que, para ser aparentemente de aventuras, hay muchas pausas, mirando la luna, o refrescando los pies en el río, una de la imágenes características del tebeo.
Es una historia que funciona mucho a base de diálogos y conversaciones, a los que oponía momentos de parar la historia. Había dos razones muy importantes para mí para marcar esos tiempos de silencio y de pararse. Una es porque es la realidad de lo que pasa allí, hay muchos momentos de no hacer nada, y hay que disfrutarlos así, como lo que son. El otro motivo es marcar el espacio entre unas conversaciones y otras, dejar que se asiente un poco toda la información que se ha dado, que es muy despistante, te lleva de un lado para otro, aunque al final ves que toda la información recibida no sirve para nada, que es lo que quería contar.

¿Se trata de una historia real?
En este cómic hay mucha verdad. No es una historia real, pero todo lo que pasa es real, me ha pasado a mí o a otros. Casi todas las conversaciones, aunque recompuestas, son retazos de conversaciones oídas. La verdad es esa; llega la gente, no se entera de casi nada porque no te dejan enterarte de casi nada, no te dicen ni el nombre... que por otro lado es un rasgo muy del indígena latinoamericano. Estuve casi un año viajando. En México estuve tres meses, de los cuales la mitad lo pasé en la comunidad de La Realidad, como observador internacional. Después fui bajando por tierra hasta llegar a Buenos Aires, Argentina, y luego acabé en Brasil. En todos los sitios los indígenas se protegen mucho, lógicamente. La experiencia no les ha enseñado otra cosa. Además leí que la reserva es un rasgo cultural anterior a las conquistas españolas. Allí están muy acostumbrados a las historias de héroes, europeos que llegan allí a arreglarles las vidas...

Además de Vasco, los otros personajes europeos que aparecen transmiten el tópico del europeo cooperante que sin evolucionar, sin integrarse, va a salvar otro país, con una imagen preformada de la comunidad a la llegan. Pienso en Gorka, o Giorgio...
Es verdad eso de que no evolucionan. Tiene relación con lo que comenta Carmen, la responsable del epílogo del cómic, que no sólo sirve para contextualizar un poco más la historia: está ahí porque quería explicar un poco el tema zapatista. Quería que el que tuviese curiosidad pudiera profundizar un poco más. De ahí también la bibliografía final. Vasco es una persona que escucha, que reacciona ante lo que le sucede. Los otros es un poco la caricatura de lo que nos pasa a mucha gente que vamos allí, entre los que me incluyo.

Cuando fuiste a México, ¿ibas ya con la idea de hacer un tebeo, o surgió después?
La idea llevaba rondándome desde hacía mucho tiempo. Ya durante la carrera, e incluso antes, fantaseaba con ello. El personaje de Juan Sin Tierra nació en esa época, oyendo el corrido de Victor Jara… me pareció un nombre buenísimo. A partir del personaje histórico, Victor Jara toma ese nombre y lo mete en la revolución Zapatista, la de Emiliano, y lo convierte en un típico campesino, llamado Juan y que no tiene tierras. A mí se me ocurrió otro Juan Sin Tierra: un viajero, es decir, un tío sin tierra, sin patria, que va viajando. Me gustó mucho el personaje; el problema era que no tenía historias que contar del personaje. Cuento lo que me sale de dentro, y no me sale contar lo que no conozco, lo que no he vivido.

¿Tiene algo de ti el personaje?
Surgió como una especie de alter ego, a través del cual contar cosas que a mí me inquietasen, con la ventaja de que al ser un personaje de cómic podía hacer cosas que yo como persona no puedo hacer. Estando en Chiapas, en la comunidad de La Realidad se me ocurrió la historia, juntando a estos dos personajes que los tenía en mente pero no estaban desarrollados, ni siquiera en su aspecto físico. Allí pensé “yo me voy a dedicar a hacer cómics, lo voy a intentar al menos. Si no lo consigo que no sea porque no lo he intentado”.

¿Estaba pensado en blanco y negro desde el principio, o fue una opción necesaria?
El cómic estaba pensado en blanco y negro, ya desde el principio. Por tres razones. Una era la referencia a Corto Maltés y por extensión a los tebeos de aventuras de antes, aunque básicamente a Corto como patrón de viajero. Hay algunos homenajes claros en este sentido, sobre todo la pose cinematográfica de Vasco. Otra razón es el tiempo. El blanco y negro se hace mucho más rápido que el color, y eso que me ha llevado un año largo hacerlo. La tercera razón, y más importante, es la ideológica. Es recuperar el blanco y negro que es perfecto para contar historias. Además tiene una capacidad simbólica mucho mayor que el color. El poder de la silueta, de la mancha, lo intento explotar mucho.


Entrevista publicada originalmente en TRAMA 43 (enero 2005)

 
 
 
 
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