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07.11.2012

Carlos Romeu

Humor en peligro de extinción

Romeu ha sido testigo privilegiado de los últimos 40 años de la historia de España. Desde sus primeros trabajos, publicados en la mítica revista de ciencia ficción Nueva Dimensión, ha pasado por casi todas las revistas de humor de las últimas décadas, desde Por Favor a El Jueves, pasando por El Papus y Mata Ratos. Pero su mirada ácida e irreverente también ha pasado por medios tan serios como Triunfo o El País. Sus chistes e historietas han compartido páginas con Perich, Tom, Chumy Chúmez y Manuel Vázquez Montalbán. Y, ahora que aún se acuerda de todo (o al menos eso dice) Romeu ha decidido dar un repaso a su vida, repleta de jugosas anécdotas, sin prescindir un ápice de la irreverencia que le ha caracterizado siempre.


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ENTREVISTA:LAUREANO DOMÍNGUEZ

Has ejercido oficios tan dispares como buzo, bombero, camarero, falsificador de románico, belenista, instalador de quemadores de gas, rotulador de coronas fúnebres, grabador y diseñador de joyería. ¿Qué hace que acabes dedicándote al humorismo gráfico?
La casualidad. Me hubiera gustado ser pintor, pero sin dinero es demasiado sacrificado. También arquitecto pero mi padre no estaba dispuesto a pagarme una carrera de lujo y matemáticamente siempre he sido un desastre.

Llevas haciendo humor desde los años 70, en los últimos años de la dictadura hasta la actualidad. ¿Hay mucha diferencia entre el que se hacía entonces y el de ahora?
No. Solo que antes debías sortear al régimen intolerante y ahora a toda clase de regímenes intolerantes. El humor es burlarse de lo más sagrado y cada día hay más imbéciles que se creen sacrosantos.

Has colaborado en las revistas más destacadas de la transición como Por Favor, El Papus, Triunfo, Interviú… Has sido fundador de El Jueves y director de Mata Ratos y publicaste historietas de Miguelito durante más de 30 años en El País. ¿Es más difícil publicar ahora que en tus comienzos?
Desde luego. En otros tiempos había muchos medios ansiosos por publicar humor que era el único medio de decir sin recibir palo (es un decir, el animus jocandi no injurandi a veces funcionaba y muchas veces no). Cada vez los humoristas hemos ido perdiendo protagonismo y actualmente estamos en serio peligro de extinción.

De la época de colaboración en El País he visto, además de cartas de felicitación por tus chistes hasta quejas de la COAG (Coordinadora de agricultores y ganaderos) o el embajador de Israel por una viñeta publicada el 30 de junio de 2009 y que sale reproducida en Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi…). Seis meses después te despedían de El País. Da la impresión de que hay sectores que tienen la piel muy fina a la hora de encajar un chiste y, lo que es peor, que pueden hacer callar las voces críticas.
Más mediocre es una persona, un estamento, un país, más en serio se toma. Y vivimos tiempos en los que la mediocridad y la mezquindad parecen ser títulos académicos. Obviamente esos entes detestan verse en el espejo del humor.

Te han abierto diligencias en numerosas ocasiones y has tenido varios juicios por tus historietas. ¿Te ha condicionado esto en alguna ocasión a la hora de hacer tu trabajo gráfico? ¿Has pensado “Esto mejor no lo hago no vaya a ser que me busque un disgusto”?
No. Pero inconscientemente sabes hasta donde llegar aparte de que hay una ética, no hay que insultar ni encarnizarse ni caer en lo soez, gratuito y la burla sangrienta. Sin embargo, no hay que dejarse achantar porque el blanco de tu humor sea un poderoso, hay que ir a por todas sin miedo a las represalias sino, lo que haces ni es información ni es editorial ni es periodismo.

En tu libro “Desacostumari catalá” haces una parodia, por decirlo de forma suave, del popular “Costumari” de Joan Amades, en la que te inventas santos, peculiares recetas de la cocina catalana y catalanes ilustres como Dumbo. ¿Se molestó alguien con tu visión irreverente de la cultura catalana?
Si se molestó alguien, a mi no me lo dijo. Es probable que se lo guarden por si un día a alguien se le ocurre proponerme para la Creu de Sant Jordi (por decir algo) y poderme vetar.

Has sido actor y guionista de varios programas de TV3 y productor y guionista de Locos por la tele, de RTVE en los que colaboraste con Tom y Perich. ¿Cómo era trabajar con ellos?
Fueron, con sus luces y sus sombras, unos de los mejores momentos de mi vida.

En Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi…) abordas un aspecto que sin duda es bastante desconocido para tus lectores como son tus problemas de salud, hasta el punto de que tú mismo te calificas como “carne de quirófano”. ¿Cómo se puede pasar tantas veces por el quirófano por motivos tan serios y tener aún ganas de hacer humor con ello?
El día que ya no me ría de mi mismo o estaré agonizando, muerto o acto seguido me mataré.

Llevas publicados un buen montón de libros entre recopilatorios de tus colaboraciones en prensa y revistas y libros infantiles. ¿Qué te ha hecho mirar hacia dentro para contar tu historia?
Es una buena historia.

¿Te preocupa que se mosqueen algunos personajes que no salen muy bien parados?
No. Ellos se lo han buscado y ganado a pulso.

¿Te has dejado muchas cosas en el tintero?
Hace tres meses que lo di por finalizado y me he ido recordando de muchas cosas que quizá habría añadido y de muchas otras que no. Pero lo esencial está escrito, no hay que entrar en muchos detalles y no hay que hacerse pesado.

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